A menudo se ha criticado el sistema de partidos, en vista de que los partidos políticos intentan apropiarse de todo “lo político” y crean así las bases para un sistema partidocrático en el que todo lo político pase por determinadas siglas y citas electorales. En lo referente al proceso de resolución del conflicto, vemos que esa tendencia ha llegado a límites alarmantes. Parece que el proceso de resolución del conflicto vasco es competencia única y exclusiva de una determinada elite política, y la participación de los ciudadanos se limita a expresar su acuerdo o desacuerdo en un hipotético momento puntual del proceso.
Quizá ayude el hecho de imaginar que si no hay iniciativa social, la relegitimación del sistema partidista bajo única forma de acción sociopolítica provocará la desactivación del tejido social (y con él de los movimientos sociales), unos nuevos Pactos de la Moncloa entre elites políticas y militares que neutralice lo político y lo social por largos años.
¿Por qué estamos instalados en una dinámica de conformismo y delegamos en otros lo que es de tod@s? ¿Cómo podemos reivindicar una vuelta de la ética y transparencia en las decisiones políticas que nos afectan a tod@s? ¿Qué podemos aportar, sin caer en la crítica derrotista de “todos los políticos son iguales”?
El respeto de la voluntad popular y el derecho de autodeterminación son cuestiones centrales en el conflicto vasco. Entendemos que el desafío de “hincarle el diente” a esa cuestión no pasa por el reconocimiento formal del derecho o por ejercer ese derecho en un acto sólo puntual. La autodeterminación es un proceso de socialización del poder, de devolución a l@s ciudadan@s del papel de sujeto decisorio en diferentes ámbitos de la vida. Queremos seguir trabajando para que no se cierren las puertas de los ámbitos de decisión a los pueblos y a las personas, para hacer de la libertad y la democracia algo más que palabras. En definitiva, entendemos la autodeterminación como movimiento, no como una parada en el camino.
Pero... ¿qué entendemos como derecho a decidir, derecho de autodeterminación, respeto a la voluntad popular, conceptos tan manidos y tan “usados”? ¿Queremos decidir sobre qué queremos decidir, cómo queremos decidir y para qué queremos decidir? ¿Podemos decidir el modelo político y social en el que vamos a vivir? ¿Cómo redefinir el concepto de autodeterminación para autodeterminarnos, además de en lo nacional, en lo social, en lo ecológico...? ¿Cómo se activan compromisos para “autodeterminarnos” en movimiento?