En lo referente a la desmilitarización, el alto el fuego nos sitúa ante un escenario donde será necesario afrontar medidas acordes con la nueva situación. Debemos ser conscientes del grado de militarización al que ha llegado nuestro pueblo y propiciar un proceso de desmilitarización. Creemos que hay muchos aspectos que deberían ser revisados: la presencia de las Fuerzas Armadas y las Fuerzas de Seguridad, la militarización de la Ertzaintza, las victimas, el gasto militar estatal y el gasto en seguridad de las instituciones vascas, las y los represaliados, aquéllas prácticas militaristas imitadoras del sistema...
Además, de la desmilitarización de lo estrictamente militar y/o policial, consideramos que hay que tratar la desmilitarización social, el desarme en las relaciones políticas y reconducir las inercias históricas que han funcionado y siguen funcionando (considerar enemigo al adversario político, estrategias basadas en la imposición de lo propio…). Porque los conflictos existen y existirán; tiene que haberlos y tenemos que investigar los medios para “humanizar esos conflictos”, para que no supongan la negación o la eliminación del otro. ¿Pueden las redes sociales ir desmilitarizando la vida política? ¿Estamos preparados como sociedad para resolver los conflictos de forma noviolenta? ¿Somos capaces de articular una red social para intervenir en los conflictos sin delegar en estructuras generadoras de violencias?
Hablamos de valores éticos, del libre ejercicio de derechos, libertades… y eso choca frontalmente con el modelo de seguridad y justicia actual, y las experiencias de criminalización que hemos padecido así lo muestran. En la actual coyuntura política, se intuye un deseo de cuestionar el actual modelo de seguridad y revisar los modelos policiales, el papel cada más importante de la seguridad privada... Se trata de un modelo que recorta derechos, libertades, que también tiene su influencia en la propia forma de relacionarnos y de organizarnos. ¿Qué tipo de defensa queremos, qué pasa con los ejércitos, qué pasa con la policía, qué pasa con la cárcel? ¿Tenemos alternativas a los modelos de seguridad que nos imponen, al sistema penitenciario, al modelo de justicia...? ¿Podemos ir más allá de las consignas y de los eslóganes? ¿Podemos desde los movimientos sociales plantearnos otra forma de entender la justicia y la seguridad?