NOVIOLENCIA ACTIVA EN EUSKAL HERRIA

moderador : Mariano Ferrer

Jonan Fernández, Portavoz de Elkarri
 Jon Sarasua, bertsolari y profesor de Mondragon Unibertsitatea
 Ali Urrosolo, miembro de Zuzen Ekintza Taldea

 Xabier Askasibar, miembro de Gesto por la Paz

Mariano Ferrer, Periodista y moderador de la mesa redonda 

La mesa redonda tiene como intención escuchar nuevas aportaciones sobre la noviolencia, pero en particular se trata de analizar si ese concepto, aquí y ahora, tiene fuerza en la sociedad y es capaz de cambiar algunas cosas. No sólo teorizar, sino que nos gustaría ser capaces de proponer.

Ayer se habló de la necesidad de hacer nuevas propuestas desde la recuperación de lo que se ha sido y aprendido en estos años. Se planteó la necesidad de pasar del “anti” al “pro”. En esta ocasión se propone a los ponentes tres cuestiones y un hilo conductor: ¿qué significa ser noviolento ahora y en Euskal Herria?, con atención a dos parejas de conceptos: mayoría-minoría, testimonial-determinante. ¿La noviolencia es sólo una levadura, algo que sólo se ve con simpatía, o hay condiciones para que esto tenga otro tipo de difusión mas amplia? Se pide a los ponentes también algo concreto: cómo imaginan, hoy y aquí, una iniciativa concreta que, haciendo operativo el concepto de noviolencia, pudiera alcanzar una expansión determinante en esta sociedad.

Jonan Fernández, Portavoz de Elkarri

 Comenzaré por la primera cuestión que me vino a la cabeza cuando se me planteo el temario, y ésta es ¿a qué nos referimos cuando hablamos de noviolencia activa?, ¿a algo genérico, algo práctico, concreto, unido a algún objetivo…? Yo me referiré a mi experiencia con la noviolencia en torno a un objetivo, en mi caso la obtención de la paz.

 Empezando por la última pregunta de Mariano Ferrer. Yo me imagino la noviolencia aquí y ahora como lo que ha sido la conferencia de paz de Elkarri en el último año. No es la única posible, ni mucho menos, pero es una referencia interesante, aunque se debe ir más lejos. Para mí, la noviolencia es buscar con medios no violentos, civiles, el desbordamiento de una situación injusta, negativa o cruel, como la que padecemos aquí. 

Es eso lo que ha querido ser la Conferencia de Paz. Creo que la noviolencia activa tiene que tener vocación mayoritaria; puede tener expresiones minoritarias, pero con vocación mayoritaria. No tiene que ser testimonial solamente sino constructiva y alternativa, respondiendo así a la segunda pregunta planteada.

 En ese esquema encaja la Conferencia de Paz, con tres características. Primera: Declaración clara de principios, conectados con voluntades sociales mayoritarias, en nuestro caso con cuatro principios: noviolencia, diálogo, igualdad y libertad de decisión. Segunda: Presentar una alternativa constructiva, con un proyecto que abarque toda la globalidad integral, fases, plazos, etcétera. Tercera: Fomentar un compromiso social progresivo, creciente y mayoritario.

 Ante un fracaso, no vale el recurso de echar la culpa al individualismo o al sistema. Parte de fracaso también tiene su origen en nuestro trabajo. Hay tendencia a pensar que noviolencia es exclusivamente acciones espectaculares. Reconozco que estas acciones de impacto son necesarias, pero se puede caer en el error de que todo tiene que ser así. El trabajo es más de “hormiga”, paso a paso, diseñando, proyectando, unido a algunas acciones puntuales más espectaculares. Si se hace sólo eso, la acción espectáculo, la gente puede quedar siempre como espectadora, siempre a la espera. No se pueden hacer acciones espectaculares del calibre de “las giraldillas” cada dos meses. Estas no pueden ser el eje de la acción noviolenta.

 En resumen, la noviolencia activa tiene que ser constructiva, tendente a buscar proyectos alternativos globales, a combinar lo espectacular con el trabajo de hormiga y con la penetración en la sociedad.

 Jon Sarasua, bertsolari y profesor de Mondragon Unibertsitatea

 En torno a este tema he solido compartir reflexiones en foros más pequeños, que me interesaría compartir en lugares como éste, por lo que acepté la invitación.

 Suelo tender a bajar de lo teórico a lo práctico y cercano en el tiempo, aunque en este campo no me siento especialmente autorizado para ello; además, aviso que voy a huir de bajar a la acción concreta porque hay en el auditorio gente que la maneja mejor que yo. Y ello, añadido a que defiendo una tesis que sugiere volver a las fuentes.

 Es tiempo de profundizar visiones en todos los ámbitos, renovar profundamente el humus de pensamiento con el que trabajamos. Lo difícil es compaginar esto con lo práctico, que creo se puede hacer.

 Tomando la primera pregunta del moderador, yo prefiero hablar de noviolencia como satyagraha, su palabra original con más implicaciones que la simple negación de la violencia. Supone una red de valores con un fondo de espiritualidad, una voluntad del bien frente al que ahora detenta el poder de tipo occidental. Satyagraha es la fuerza concreta que mana de esos valores.

 También manejo una pequeña tesis en embrión, en la cual opino que la noviolencia, como una práctica cargada de futuro en Euskal Herria, tiene gran potencial aquí porque sus valores profundos conectan, creo, con el fondo del conflicto que vivimos en este pueblo. El llamado problema vasco tiene en el fondo un problema existencial bajo forma política. El conflicto identitario tiene un problema existencial y, visto con perspectiva suficiente en el tiempo, milenaria y en el espacio, planetaria; el problema de una comunidad lingüístico-cultural, una comunidad indígena que ha vivido durante milenios y que ante las civilizaciones que ha tenido que ir recibiendo ha adoptado una postura de resistencia, defensiva, de vivir y dejar vivir, de inventar y reinventar el difícil equilibrio entre la identidad y la adaptación, entre la resistencia y la fusión con lo que te agrede . El euskara es una prueba de esa lucha de resistencia y adaptación. En esa resistencia del euskara veo yo esa posición de valores espiritual que tiene bastante que ver con lo que hay debajo del planteamiento de la noviolencia activa.

 La lucha por Euskal Herria está conectada sutilmente con la posibilidad de un mundo diferente (Porto Alegre). Tenemos posibilidad de conectar con la red de sensibilidad ecológica, entendida ésta en todos sus sentidos. Aunque curiosamente, la imagen externa que damos está en las antípodas de ese espíritu.

 Existe potencial latente en Euskal Herria, pero potencial latente sin condiciones objetivas para impulsarlo a corto plazo. Hay potencial a un triple nivel. Primero, el popular. Masivo (ejemplo, el Kilometroak), con cientos de activistas y miles de horas de voluntariado. Gran potencial, atípico en una sociedad occidental. Segundo nivel, el de unos militantes con un alto grado de compromiso, con acciones directas noviolentasde riesgo. Tercero, el nivel medio; una red tupida de actores sociales colectivos, el puente entre la minoría militante directa activa y los grandes sectores populares mencionados.

 La conjunción de estos tres factores nos dan un gran potencial en algunos objetivos. Creo en esta vía y en su eficacia, ya que otros métodos no son capaces de conseguir los objetivos de la capa social insatisfecha de Euskal Herria.

 Para terminar, dos consideraciones. Urge juntar tácticas, prácticas y estrategias, y el fondo ideológico que hay detrás. Pero es muy difícil porque no se trata de cambiar tácticas ni métodos, sino de humus, pensamiento, que nos lleve a esa estrategia. Hay un fondo de valores, pero creo que aún estamos lejos de esa visiones estratégicas a pesar de haber gente y fuerzas latentes.

 Ali Urrosolo, miembro de Zuzen Ekintza Taldea 

Hablaré del tercer punto, sobre qué entendemos por noviolencia. Esto es, ante una injusticia, dejar de participar en ella o activamente combatir contra ella sin crear nuevas injusticias.

 Pensamos que estamos en época testimonial en nuestra capacidad, pero con claras posibilidades de que la acción noviolenta sea determinante.

 Nuestra experiencia se inició con “Euskal presoak Euskal Herrira”, pero ahora se ha ampliado a dos derechos más: el euskara y la autodeterminación. Somos gente de acción, grupo de acción con aspiración de crecer. Estamos centrados en esos tres derechos, en conseguirlos de una forma directa, siendo nosotros mismos, jugar con nuestros valores, y ante una injusticia saltar sobre ella. Siempre hay tres niveles, los indicados por Jon Sarasua. La acción espectacular es el motor, no lo más importante. En las acciones por los presos hemos aplicado esos tres niveles.

 El Estado suele actuar manipulando y castigando, pero nosotros tratamos de dificultar al máximo esos dos métodos. Queremos soñar y actuamo,s yendo a por los presos a donde están, votando aunque no esté estipulado votar... Soñar y actuar nos da gozo y fuerzas para actuar más.

 Xabier Askasibar, miembro de Gesto por la Paz 

Voy a comentar una reflexión, que es sobre todo personal. Cuando hablamos de noviolencia activa, no sólo es una negación de la violencia directa: muertes, torturas… Además de ello, supone un proyecto positivo de transformación de la sociedad y de cada uno de nosotros, transformación radical siempre con el respeto a la vida y la persona. Es clave la conexión entre medios y fines, no es sólo una postura ética, ni sólo un método, sino también política.

 Para desarrollar la noviolencia hace falta tener unos principios:  

1.    Convicción de que cualquier conflicto se puede gestionar, solucionar, de forma más constructiva y creativa; existen alternativas a los aparentes callejones sin salida.

2.    Es necesario el inconformismo.

3.    Es necesaria la confianza en que podemos conseguirlo.

4.    Paciencia, unida a la eficacia; a veces es un camino más largo, pero eficaz.

5.    Pensar en la capacidad regeneradora del ser humano, en la educación.

6.    Capacidad de empatía y de relativización. 

Es imprescindible contrarrestar en la situación actual los efectos que tiene la violencia, y esto quiere decir actuar no sólo contra las raíces de los problemas sino contra sus consecuencias injustas, como ya es conocido por lo que respecta a la labor de Gesto por la Paz.

(Nota: problemas técnicos hicieron inaudible parte de la intervención inicial de Ali y Xabier, mil disculpas).

Mariano Ferrer: Ahora se dan tres minutos para la exposición, planteando tres cuestiones: 1.- ¿Vocación mayoritaria implica rebaja de objetivos? 2.- ¿Hay contradicción entre la radicalidad de la noviolencia y la vocación mayoritaria? 3.- ¿El espectáculo es lo único que puede crear ruido y llegar a los medios?

 Ayer decían en la anterior mesa redonda que la filosofía desde la acción es avanzar haciendo. ¿Es preciso coincidir en grandes objetivos o plantearse cuántos somos para hacer algo, hoy y ahora? ¿La noviolencia es la lucha entre la resistencia ante el más fuerte?.. Se habla de una sociedad con un potencial tremendo, aquí y ahora. Pero aquí y ahora ¿no estamos ante una sociedad “quemada”?

 Jonan Fernández: Hay una tradición de rebeldía muy larga en este país. No hemos de pensar a la hora de hacer algo que el lienzo está en blanco. Elkarri juega con el concepto realidad-esperanza. Esto es, no perder la esperanza, lo que hemos solido llamar “insistencialismo”. Pero siempre unido al concepto realidad. Por eso hay una iniciativa que quiere inscribirse en lo civil, en lo no violento; tiene un gran interrogante a responder, qué comunica y cómo se comunica. Todos los grupos hoy tienen el gran problema de cómo comunicarse con sus convecinos. Tiene que competir con la televisión, las ofertas de ocio atractivo y omnipresentes. Si buzonea, tiene que competir con innumerables folletos, ver que la prensa apenas se ocupa de ellos...

 Es positivo y fácil llevar un grupo de cincuenta personas ante una cárcel, pero cuestiono la dificultad de comunicar objetivos más allá, en un sistema en el que tres o cuatro medios de comunicación dificultan cualquier iniciativa y la noviolencia mucho más.

 La iniciativa tiene que crear su comunidad de participación, su grupo amplio de participantes, grupo motor y comunidad de participación que son el canal de comunicación con la sociedad. Sin ese canal, la iniciativa está condenada al fracaso. Hace falta combinar acción con reflexión, no se debe abandonar.

 Estoy de acuerdo con lo expresado por Xabier Askasibar, pero puntualizaría que la eficacia está unida a la paciencia, y que la noviolencia no está unida a la ineficacia o al testimonialismo.

 Jon Sarasua: Me toca defender una tesis difícil. Me siento un activista, pero quiero defender esa tesis que opina que es tiempo de humus. La sociedad de Euskal Herria ha fallado la manera de administrar el tiempo, hacer cosas y cosas... Si vemos los tres niveles de base, alto y medio, creo que debe ser tiempo, pero ahora no es tiempo. Van a venir fuerzas de este tipo: la noviolencia, la autoorganización civil. Van a ser capaces, o quisiera que fuera así, de hacer frente a la uniformización con sus resortes políticos, mediáticos y económicos. La baza fundamental va a estar en la fuerza de la autoorganización civil, aunque también pudiera tener expresiones políticas e intelectuales. Esa pugna se va a dar y en esta sociedad hay condiciones para que se puedan conseguir objetivos de esa pugna.

 Un grave error fue que las dos grandes partes de Lizarra-Garazi no se fiaban entre sí. Se podrían plantear infinidades de actividades, pero la cuestión es qué tipo de espectáculo diferente se pudiera dar aquí y que no es posible en Europa. (Jon pone un ejemplo que plasmaría una acción  masiva con ingredientes cualitativos originales, que pudiera hacerse).

 Euskal Herria tiene una sociedad civil capaz de movilizar a miles de personas en todo tipo de niveles -amplio, medio, nivel de “conspiradores”...- y de hacer acciones multitudinarias con una preparación de un mes. Es un activo que tenemos.

 Se pueden realizar acciones como la de cien mil personas llevando a cabo una ayuda. Veo capacidad en esta sociedad para ello, pero lo difícil es encontrar el momento clave. Me da miedo lanzar alguna de estas ideas “locas”, porque no son tan locas. No es tiempo para lanzar grandes propuestas sino de experimentar e incubar. A veces, es mejor no hacer algo para que el sistema no cree anticuerpos, y utilizar el factor sorpresa. Una estrategia de este tipo, si quiere ser masiva, debe esperar. Es tiempo de incubar.

 Ali Urrusolo: Estoy de acuerdo en la decisión de incubar, pero utilizaría otro ejemplo, la construcción de una casa. Antes de construirla hay que preparar ladrillos, buscar albañiles, preparar cemento, etcétera. Por tanto, se puede empezar a tomar parte en esa preparación desde ahora. Es una casa nueva, pero recordemos que es una casa habitada ya.

 No hay que dejarse llevar por la situación, hay que pensar que vamos a poder con ella. No estamos en un inicio, estamos más adelante. Cuando salta la chispa no es por casualidad, es porque hay un material detrás. Sí es momento de hacer material. Hay gente de calidad en lo social, hay potencial y gente con quien juntarse.

 Es peligroso decir que no es momento y quedarse ahí. Nuestro lema es “Ezina ekinez egina”. Lo que sí se puede es siempre intentarlo, no se podrá cuando haciéndolo no se llegue más allá, pero actuando.

 Cuando se habla de motor, se habla de las personas que aprenden con la acción. Así nos ocurrió por ejemplo con la acción por Esteban Nieto. Personas que participaron en ella, viviendo la acción desde dentro, posteriormente profundizaron en su compromiso militante.

 Xabier Askasibar: Es compatible la vocación mayoritaria con la vocación de ruptura de la noviolencia? Para mí, sí. La noviolencia parte de convencer no de vencer, por tanto tiene vocación mayoritaria. Pero hay que conjugar el tipo de sociedad que tienes delante y lo que se quiere cambiar de ella. Hay un componente de contracorriente evidente. No es simplemente lo que la sociedad quiera. La sociedad occidental es mayoritariamente conservadora, plantear el cambio cuesta. La sociedad es perezosa ante nuevos mensajes, es necesario caminar, combinar acción y reflexión. Son compatibles.

 La noviolencia activa lo tendría muy complicado para plantear cambios hoy, aquí y ahora, sin más. Se trata de ir convenciendo, ensanchar la democracia, ensanchar nuestros modelos sociales, buscar otros más participativos. Pero lo fácil para la mayoría social es ir a lo que hay, a lo fijo. Hay que ir haciendo comprender a la gente que hay alternativas que pueden ser mejores, conjugando el no ser tan rupturistas como para separarnos de la sociedad y quedarnos en el testimonialismo.

 Mariano Ferrer: Queda una hora para el público, preguntas u opiniones. Solicito no excederse, dado el gran número de oyentes reunidos hoy (casi cien personas). Una primera intervención plantea que se ha reflejado una contradicción entre la postura de Jon y Ali.

 Jon Sarasua.: Yo opino que no es así. Que no hay contradicción. La insumisión es la única campaña masiva de noviolencia. No hay por el momento otras de carácter masivo, por lo que el Estado no ha creado anticuerpos. Incubar es parte de la acción, incubar no es opuesto a experimentación, se pueden combinar, pero no se deben quemar ideas, recursos, etcétera. Hay opciones suficientemente maduras, pero el cambio es lento.

 Por ejemplo la izquierda abertzale, con su gran potencial está distante aún de este tipo de iniciativas. Otros también están lejos de esta cultura en fines y medios, por lo que no parece ser tiempo de acciones masivas. Hay que plantearse cuánto hay que incubar, cuánto experimentar para que en un futuro se puedan dar estas iniciativas.

 Jonan Fernández.: Me preocupa la opinión que suele aparecer y que dice que estas cosas son bonitas mientras son pequeñas y al crecer pierden su pureza. Las acciones de Gesto o Elkarri son acciones no violentas prácticas y con repercusión, la acción noviolenta no debe ser limitada a las de tipo espectacular. Se deben hacer. Agilizan el proceso. Pero la realidad nos lleva a movernos entre grandes agentes y números altos que no pueden ser asumidos fácilmente por el sistema. Para cambiar las situaciones hay que intervenir en la política, hay que involucrar a los políticos para conseguir situaciones de cambio.

 Ali Urrusola: Estoy muy satisfecho por ir encontrando más gente que va teniendo las mismas sensaciones. Para nosotros la acción es el motor, pero complementario a la acción política que hacen otros grupos y organizaciones. En la noviolencia lo importante es la masa, donde está la mayoría social, dirigirse a ella. Elkarri, Gesto y otros están en ese nivel, pero Zuzen trabaja sobre la acción.

 Jon Sarasua: Los partidos son ahora, en este momento, los agentes con poder de cambio; hay que influir en ellos, pero es la sociedad la que supera sus limitaciones electoralistas. Los partidos no lanzan una idea nueva sin seguridad de apoyo, rebajan sus pretensiones de cambio. Los movimientos sociales tienen ventaja en ese juego, no deben buscar rédito electoral. ¡Claro que tienen voluntad mayoritaria!, pero sobre todo en convencer. Los movimientos sociales tienen que ser alternativa a los partidos, no como oposición testimonial sino como capaces de crear alternativas que los partidos acaban teniendo que asumir.

 Xabier Huizi, militante del KEM-MOC,  desde el público: Como aportante de Elkarri, cuestiono que la actividad realizada en la Conferencia de Paz haya sido una acción activa. Sí ha sido de tipo noviolento en sus planteamientos, pero los aportantes no han llegado a ser protagonistas directos. Considero que se deben buscar fórmulas más activas de participación, y más personales, en lo que a la noviolencia se refiere. Veo una diferencia entre el nivel de acción de los grupos como Elkarri o los que hacen acciones concretas.

 Por otro lado , considero que hace falta en esta tertulia una reflexión más concreta sobre autodeterminación y noviolencia activa.

 Mariano Ferrer: ¿Es inevitable la contradicción expuesta anteriormente? ¿Cuantos más somos, hago menos? ¿Al no haber ese compromiso personal profundo, la cuestión se limita a una batalla dialéctica?

 Jon Sarasua: Noviolencia no es la denominación más acertada. Debiéramos más hablar de desobediencia o resistencia simbólica al poder, entrando ahí todo tipo de prácticas sociales dentro de la noviolencia activa.

 El sistema no tiene experiencia para responder a una estrategia masiva de desobediencia civil. Las buenas ideas han de reservarse para el momento preciso.

 Jonan Fernández: No estoy en desacuerdo con las definiciones de la noviolencia que se han hecho. Pero hay una cuestión de fondo a comentar.¿Cuál es la diferencia entre la insumisión o una actividad como la Conferencia de Paz de Elkarri? Pues, que la insumisión es una campaña que ha conseguido gran parte de sus objetivos, mientras que la Conferencia ha sido un intento fallido. Por ello los aportantes no se sienten parte activa, no han tomado la decisión, pero esto es porque no se ha conseguido el objetivo. Pero se debe recordar que la objeción de conciencia y la insumisión tuvieron muchos años de intentos fallidos y en parte no fueron los protagonistas. La decisión de acabar con la mili la tomaron los políticos en el Parlamento.

 Hay un protagonismo diferente en los dos casos mencionados. La Conferencia de Paz busca un protagonismo social; primero aportaciones, luego movilizaciones y ahora llegan cosas nuevas de mayor implicación. Puede haber diferencias pero todo lo comentado se mueve sobre una misma onda.

 Antes se hablaba de maduración personal. También se consigue esto cuando uno pasa de un grupo pequeño a un grupo grande, porque es fácil hacerme un mundo a mi medida en un grupo pequeño, con los que piensan como yo. Pero se aprende mucho al relacionarse con grupos mayores, que implica relación con más gente y más distinta, biografías diferentes etcétera. El esfuerzo para ampliar la lucha es muy importante.

 Joseba Osa, desde el público: ¿Cómo definimos la noviolencia? Han tenido mucho eco el modelo de grupos como Lakabe, el Arca, comunidades que viven en el campo, sin electricidad, etcétera. Pero desde luego plantean una perspectiva del tema un tanto reduccionista. También se ha llegado en la actualidad a extremos opuestos, en los que aparecen militares llamándose no-violentos, porque dicen trabajar por la paz. Por supuesto, pongo en cuestión esa pretendida no violencia. O casos como los de Savater o Benegas, que en los años 80 dijeron querer crear una asociación por la no violencia, referida exclusivamente a ETA.

Hay interpretaciones muy reduccionistas o al contrario, muy simplistas que identifican noviolencia con ausencia de violencia, tal vez por tratarse de un término traducido incorrectamente del hindú, pues hablan más de un adjetivo, resistencia noviolenta, que de un sustantivo. Los occidentales nos hemos quedado con ese adjetivo.

 Otra intervención desde el público: Nos dicen que el que manda es el poder de la fuerza, el poder económico, mediático, militar... Eso dicen los que nos mandan. ¿Esto es remediable a corto plazo con acciones testimoniales? Ahora, tal y como están las cosas , yo pienso que no.

 Mikel Gil, desde el público: Me dirijo a Jonan. Es el insumiso y el desobediente civil quien toma la decisión inicial, como fue la de decir no a la mili. Lo que el desobediente quiere es que los que le rodean hagan lo mismo. La decisión del Gobierno no es consecuencia de su voluntad, sino de la acción del desobediente que le obliga a tomarla. Porque la insumisión no sólo ha logrado el fin del servicio militar obligatorio, sino que además dificulta la creación de un Ejército profesional.

Ahora, dirigiéndome a Jon: ¿Es o no es momento de incubar? En la insumisión también hubo unos años de incubación y reflexión, pero también coincido con Ali en que se debe actuar para acelerar el proceso.

 Jon Navarro, desde el público: Se ha solido plantear la desobediencia civil por la autodeterminación, pero hecho en falta una definición más concreta. ¿Qué se pretende conseguir, qué modelo se quiere? Creo que se hacen propuestas a corto plazo, impulsadas por la prisas que nos dan ciertas situaciones, el sufrimiento, etcétera. ¿Qué buscamos? ¿Resolución del conflicto o transformación social?

 Patxi Azpilikueta, de ABK. Desde el público: Las definiciones que se han hecho sobre noviolencia me parecen correctas, en especial en el sentido que plantea Jon, de vuelta a las fuentes. Los movimientos clásicos de noviolencia suelen hablar de romper con la legalidad cuando hay unos valores superiores a ésta, que nos impulsan a quebrantar públicamente alguna orden o ley. Gandhi solía citar que ante la contradicción entre lo ético y lo legal había que optar por lo primero.

 Ante una injusticia, o ante el poder, la persona que se sitúa en el ámbito de la noviolencia, ¿cuándo se plantea ese paso por encima de la ley? Para los ponentes, ¿cuándo es el momento? Ibarretxe habla de cambiar la ley desde la legalidad, ¿para vosotros, eso es así?

 Xabier Askasibar: Soy profesor con jóvenes y me da la sensación de que esta generación no viene muy concienciada, ni motivada. No sólo en lo relacionado al conflicto vasco sino en lo referido a la conciencia social en general. Es muy importante la educación; entre otras cosas, en qué valores educamos. La educación, cuando es “neutral”, realmente no lo es, porque está favoreciendo el mantenimiento del estatus actual. Hay que reivindicar la “inoculación” de valores distintos. Si no, nos viene una juventud que reniega de los partidos y que la política le suena mal. Es una sociedad que se puede movilizar para algunas acciones concretas, pero que carece de un análisis de fondo.

 Por otra parte, el concepto paciencia es fundamental. Más allá de resolver un conflicto hay que transformar la sociedad. Hay que unir voluntades y conseguir nuevas conciencias y mayorías sociales. A veces, por ser eficaces a corto lazo, desechamos algunas cuestiones. Es necesario sembrar, mirar más adelante para que pueda suceder lo que se busca.

 Mencionando el rifirrafe que hubo por las detenciones de Garzón relacionadas con la desobediencia civil (octubre de 2000), no quisiera irme sin decir que para mí la noviolencia activa y la desobediencia a determinadas leyes no sitúa al individuo fuera del Estado de derecho, pero por el contrario puede contribuir a la legitimidad de la democracia.

Cuando alguien propone la desobediencia a unos puntos concretos, no tiene por qué plantear una ruptura general. Se lo plantea ante ciertos momentos, como un “de ahí no paso”. La cuestión es la de qué es para cada uno de nosotros lo inaceptable.

 Para cada persona será distinto, pero en mi opinión cualquier cuestión que, partiendo de la conciencia de cada uno, y en los parámetros mencionados de justicia, igualdad, etcétera, siempre serán aceptables y un signo de vitalidad democrática. Lo difícil está en esa conciencia de cada uno; ahí puede estar la discusión. En la medida en que yo no sea la única persona que piense que a esa ley se ha de desobedecer, si hay un grupo mayor que lo considera así, pudiéramos pensar que estamos en la línea de lo que estamos comentando.

 Ali Urrusolo: ¿Cuándo hay que desobedecer? Hay algo clave, yo quiero ser yo, sobre todo si mis valores están avalados en la sociedad en la que vivo. Cuando no son aceptados, quizás sea más difícil, pero cuando no es así, se está más motivado a ser tú mismo frente a la ley. Sucedió en el tema de la mili: “Yo no voy”. También lo es para Zuzen: “Yo voy” a por los presos, y pudiera ser en otras como la autodeterminación: “Yo voto”.

 Jon Sarasua: Después de haber hablado de nuestro componente de pueblo indígena, me pregunto también qué hay de nuestra otra cara:

 Cara de occidentales contentos/

de europeos opulentos/

de vida fácil y cara/

del sistema que no para/

de arrasar toda molestia/

reconocerlo es molestia/

es duro, pero lo digo/

no está enfrente el enemigo/

crece en nosotros la bestia/

la bestia,/

el temible burgués que llevamos dentro/

no lo admite, pero es centro/

del sistema insostenible/

hasta qué punto es posible/

romper con lo que ello encierra/

el que lo intenta, yerra/

los demás cuidan su hacienda/

esa íntima contienda/

la madre de nuestra guerra.

 

Euskal Herria es un foco de prácticas de las cosas más interesantes que seguramente se están diciendo en el mundo por parte de intelectuales y movimientos alternativos. Un foco de praxis, humilde, pero bastante interesante. Pero por otra parte, estamos en el centro de la crisis de la tierra. Un momento interesante, no dramático, pero donde hay que actuar pensando en esa crisis y desde esa crisis. Por eso creo que hay que poner mayor acento en la corrección del pensamiento, el humus, la autoformación y sobre todo, la formación de generaciones mas jóvenes.

En todos los ámbitos como en el euskera, hay un conflicto soterrado, muy bonito e interesante. De ser un paradigma abertzale y ante una nueva ecología de las lenguas, con otro trasfondo ético, incluso otra ciencia, más light y más exigente a la vez.

 Esto que ocurre en el ámbito del euskera, sucede en otros aspectos, como en el de la cooperación, el feminismo... Hasta qué punto la estrategia es que vuelva el Estado, ante la retirada de éste que propone el neoliberalismo. ¿Qué proponemos? ¿Que vuelva? ¿Que no se retire el Estado, o que se retire y se asuma desde la autogestión pública?

Estamos en una crisis interesante. Hay que pensar, informarse, y creo además que, aun en crisis, existe un embrión de una visión vivificadora y práctica. Estamos en esa coyuntura.

 Jonan Fernández: Sobre la definición de noviolencia, debemos considerar a qué imagen asociamos las ideas. Yo me quedo con lo que se ha planteado aquí, esto es, luchar contra una injusticia con medios que no generen nuevas injusticias. De los seguidores de Gandhi hay que coger el concepto, la traducción, el todo. Pero no hay que interpretar esas ideas estáticamente, sino aportándolas al hoy y al aquí. Para mí, Elkarri hace una acción no violenta aquí y ahora, no agota sus posibilidades y tal vez sea de “segunda división”.

 Es verdad que la noviolencia no es simple ausencia de violencia, pero también es ausencia de violencia. Aún, aquí no se ha mencionado a ETA, pero su actividad es un atentado al derecho a la vida, y es violencia. La noviolencia tiene que tener esto en cuenta, es una realidad que no se puede obviar.

Tomando otro tema, ¿qué hacer ante la fuerza? ¿Es mejor el camino corto, utilizar la fuerza, o utilizar, digamos, “la no fuerza”? Yo pienso que es mejor la estrategia de la noviolencia.

 No estoy de acuerdo con “volver a los cuarteles”, es tiempo de humus pero también es tiempo de no perder terreno, pues hay peligro de no poder recuperarlo. El sistema es muy devorador y si se pierde terreno lo coge enseguida. Combinaría reflexión y acción.

 ¿Resolución del conflicto o transformación social? Las dos. Hay una urgencia de resolver el conflicto, quiero una sociedad mejor, pero hay aquí una urgencia por resolver el conflicto porque nos está pudriendo. Los conflictos tienen fases constructivas y destructivas, y el nuestro está en esa segunda fase. Hay urgencia para los movimientos de desobediencia, los críticos...

 Se salta la ley cuando es necesario, pero no se puede pretender que sea un Gobierno el que lo haga. La insumisión a la legalidad se debe hacer desde abajo y articularla cuando haya una estrategia, un momento...

 Ali Urusolo: Hay una nueva dinámica por todos lados, el “otro mundo es posible”. Para ello, hay que pensar en global y actuar localmente. Para trasformar la sociedad y conseguir ese otro mundo mejor posible, aquí nos corresponde hacer respetar los derechos, y son muchísimos. No bastan los políticos, como lo vimos en Lizarra-Garazi, hace falta un cuerpo social que se movilice y que lo complemente.

 La primera cuestión: ¿es posible o no? Nosotros creemos que sí. Hay que ponerse en marcha, pensando, o pensando y actuando, o actuar creando humus o cada uno lo que crea, pero en marcha.

 (Nota: los términos noviolencia y no violencia aparecen de distinta forma refiriéndose a la variación en el concepto que suele adoptarse entre uno y otro).

HITZALDIEN AURKIBIDERA ITZULI

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