UNA
MIRADA A EUSKAL HERRIA . LA DESOBEDIENCIA CIVIL Y LOS DERECHOS HUMANOS
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Javier Sádaba. Filósofo |
La
relación entre Derechos Humanos y Desobediencia Civil se puede enfocar desde
distintas perspectivas (por ejemplo, desde la sociológica), y evaluar después
su eficacia. Así, Gandhi y la India, Luther King y Estados Unidos... Habría
que notar en estos casos hasta qué punto ha sido decisiva en dichos movimientos
la ideología (jainista en Gandhi, con su noción de Ahimsa;
cristiana en Luther King), la importancia de los líderes y la disposición de
un grupo amplio
de personas dispuestas a luchar por sus ideales. Yo no voy a hablar, al menos
directamente, de eso.
También
se puede estudiar en términos más teóricos y académicos. Y, así, la
Desobediencia Civil es un tema recurrente en la Filosofía Política, que trata
de la estructura del Estado y de su legitimidad. En este punto destacan autores
como Rawls, Habermas o Singer, aunque éste sería un caso aparte: se atrevió
en un libro, dedicado al tema, escrito bajo la dirección de algunos "popes"
de Oxford, a defender la insurgencia irlandesa. Tampoco me detendré en este
aspecto. Entre otras razones porque los considero excesivamente apegados a
intereses estatales. Y además nos podrían aquí aburrir un tanto. Y añado lo
siguiente: no hace falta ser un especialista para conocer estos autores.
Yo
voy a hablar desde mi profesión/vocación: la Filosofía Moral. Y tengo en
cuenta, además, que cualquier promulgación legal u ordenamiento político
encuentra su última justificación en la vida moral. Y, por supuesto, para
aterrizar enseguida en Euskal Herria. Aunque aviso ya: yo no vivo aquí. Por lo
tanto, todo lo que diga lo diré con la prudencia que exige hablar desde fuera
–al menos geográficamente– del problema.
1)
Esto supuesto, paso a plantear la cuestión teórica de la Desobediencia Civil y
los Derechos Humanos.
a)
¿Por qué hablamos de Desobediencia Civil? Porque suponemos que se está
poniendo en cuestión (eliminando, anulando o minimizando) algún derecho. Y,
por lo tanto, se reacciona desobedeciendo sociopolíticamente. In
casu: porque suponemos que se está impidiendo el derecho o interés (la
construcción cultural)
de edificar el propio destino político.
b)
Es probable que, intuitivamente, se crea que es más fácil delimitar el
campo de los Derechos Humanos que el de la Desobediencia Civil. Pienso que esto
no es tan cierto. Su fundamentación es difícil, no sabemos cuántos son (¿lo
son la siesta o la risa, como algunos han pretendido?), es discutible su
jerarquización[1],
hay opiniones contrapuestas con relación a los derechos colectivos[2]...
Más aún, algunos –Mc Intyre– consideran que es un despropósito hablar de
Derechos Humanos[3]. Y,
sobre todo, su pobre realización... Aun así, pensamos que son una adquisición
histórica esencial y que no podemos dar un paso atrás. Y es que los Derechos
Humanos no son sino la institucionalización de los "derechos morales"
conseguidos por la humanidad en su interacción histórica.
c)
Pero vayamos, en consecuencia, a la Desobediencia Civil en general, que estaría
amparada, precisamente, por tales Derechos frente/contra la positividad
impositiva del Estado. Hay, desde luego, muchas posturas respecto a qué es la
Desobediencia Civil. Yo me fijaré en una definición-descripción ofrecida por
Rawls (1971), que se remonta a Bedau (1961) y que –pienso yo– es ya de
dominio público. Voy a exponer las notas o características que, según tales
autores, cualifican la Desobediencia Civil para contrastarlas después con/en
Euskal Herria; es decir, para ver cómo habría que
aplicarlas. Son éstas:
-
acción no violenta (no todos estarían de acuerdo y, además, no es fácil
decir con exactitud qué es la violencia). Por mi parte tomo la no violencia
como actitud que se diferencia de la insurgencia armada[4].
-
va contra la regla de la mayoría convencional o de
facto: in casu podría ir contra
la mayoría española,
-
se ejerce dentro de una democracia, al menos formal, en la que exista una
relativa libertad de elección; es decir, que sea considerada como democrática
por el resto de las naciones democráticas,
-
la acción es pública y no meramente privada, y con objetivos obviamente
políticos,
-
y, cosa decisiva, según esta opinión general, la Desobediencia Civil se
hace para reforzar el poder político que, aunque supuestamente democrático,
mostraría deficiencias en alguna de sus partes. Dicho de otra forma, se hace
desde dentro y para bien del sistema político; para mejorarlo. Es como una
llamada de atención fuerte.
Existen,
desde luego, otras notas o características, pero creo que son secundarias.
2)
Es hora de aterrizar en Euskal Herria. ¿Qué habría que decir respecto a la
posible puesta en marcha de la Desobediencia Civil? A mí me parece que debemos
hacer una distinción fundamental y que en función de tal distinción hay que
aplicar de una u otra manera las notas antes descritas. Así, si el sistema es
la Constitución española, es esto precisamente lo que no acepta buena parte
del conjunto de los vascos. Los datos avalan esta afirmación; y estoy hablando
en términos cuantitativos puesto que también una minoría dentro de Euskal
Herria podría actuar con Desobediencia Civil. La Constitución española sin
duda no llegó al 50%... El Estatuto tuvo el 40% en contra. Y en elecciones
recientes, casi el 55% tomó posición a favor de otra estructura política[5].
En consecuencia, si por sistema se entiende la Democracia (en su sana
radicalidad), entonces, la Desobediencia Civil no se pone en marcha para mejorar
la Constitución (a no ser que, v. g.,
ésta se modificara para permitir la libre determinación), sino para actuar
democráticamente –más allá de la Constitución–.
A
mí me parece que es éste el nudo del problema y el engarce de la Desobediencia
Civil. Todavía una nota más: muchos de los que insisten en que la Constitución
española está ahí y debe respetarse (como si de las Tablas de la Ley se
tratara) caen en un positivismo jurídico insostenible. Pero no sólo eso; además,
creo que tienen mala fe; es decir, la Constitución les sirve de parapeto a su
postura política y a sus prejuicios. Y es que lo que suele estar detrás de tal
postura es su incapacidad del fair play
democrático. Piensan en un Estado unitario incuestionable, al que no están
dispuestos a renunciar[6].
3)
Pero si esto es así, conviene pasar al método de la Desobediencia Civil. ¿Cómo
habría que realizarla –en el caso de que alguien lo decida– concretamente
en Euskal Herria? Se me ocurren estas sugerencias que, en parte, se siguen de lo
dicho hasta el momento.
-
Contacto y articulación con los Nuevos (Novísimos) Movimientos Sociales
(Antiglobalización, Minorizados, etc.)[7].
Me
parece sustancial, desde luego, aprovechar
la Sociedad de la Información.
-
Saber ser desobediente de modo personal. Sólo debemos obedecer las
normas justas. Y esto vale en todas las direcciones. El principio de la sabiduría
consiste en ser realmente autocrítico[8].
No
hay "gurús", santones... Y no hay por qué tener obediencia ignaciana
(Ver, por mandato, blanco lo que es negro).
-
Cultura de cambio político[9].
Sé que en este punto soy casi obsesivo (y muy escéptico). Pero estoy
convencido de su importancia. Creo que tal cultura política tiene dos
vertientes. Una es personal: renovación teórica constante de la
responsabilidad como ciudadanos[10].
La otra es colectiva: claridad en los objetivos políticos que se desean (no es
sólo cuestión de "romper"). No quiero extenderme aquí. Pero creo
que conviene superar la mediocridad político-intelectual. Es necesario el
debate comprometido, la opinión razonada. Y estar atento a cualquier suceso
cultural[11].
-
Existen, desde luego, otros modos más directos de desobedecer pacíficamente
(carnet de identidad vasco, objeción fiscal, etcétera, y no sólo objeción
individual...).
-
Y mucha imaginación (y estudio) para ir encontrando formas alternativas
de actuar. Pienso que tales alternativas deben ser realmente populares y bien
diseñadas (no dejadas al azar)...
Acabo ya. Seguro que se pueden –y deben– decir muchas cosas más. Lo mío ha
querido ser un recordatorio. El resto es ponerse a andar. Sólo añado que los
Derechos Humanos, en cualquiera de sus manifestaciones, no deben ser sólo del
abstracto Homo (como recordaba
Bourdieu), sino de éste, ése, etcétera, y, así, de todos.
[1] Lo que es claro es que no hay Derechos absolutos. Hay, eso sí, primarios.
[2] Por ser individuales.
[3] Por cierto, sólo el 50 % de los europeos conocen la Declaración de 1948 de los Derechos Humanos.
[4] Lo que suele llamarse sedición, o revolución, que cambia el sistema con violencia física.
[5] El gobierno español estima que si la votación sobre la llamada Constitución Europea no llega al 35 por ciento se sentirá deslegitimado. De ahí que vaya a emplear 6 millones de euros en propaganda (en el referéndum sobre la OTAN votó el 59%).
[6] Una prueba de ello es que nunca dicen que aceptarían un cambio del modelo de Estado si esto se produjera democráticamente. Añado: ser radicalmente demócrata es estar abierto a cualquier resultado. Vale en todas las direcciones.
[7] Vide Javier de Lucas.
[8] Vide Noam Chomsky.
[9] Y antes que nada es estar "en estado de enterado".
[10] Como sujetos de Derechos (intereses).
[11] V. g., el Festival de Cine... et alii. Universidad. Responsabilidad de los intelectuales.
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Ponencia presentada en las Jornadas de Noviolencia Activa 2004 www.noviolenciactiva.org |
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